Secundación de “El Grito de Independencia”

"La historia nada refiere acerca de la personalidad de Daniel Camarena, antes de que éste tomara participación de la guerra de Independencia, y solamente se sabe que era originario del pueblo de Nochistlán, en la provincia de Zacatecas.

Muy pocos días después de que resonara el grito de Dolores, Camarena se puso en contacto con el Insurgente Rafael Iriarte, que se hallaba en Aguascalientes, quién lo comisionó para que fuera a insurreccionar los pueblos del sur de la provincia de Zacatecas autorizándolo, a la vez, para que secuestrase los bienes de los europeos y aprehendiera a éstos.

Camarena con alguna fuerza que había podido reunir en pocos días aunque mal armada y compuesta de gentes sin orden ni disciplina, y llevando como segundo jefe a un individuo apellidado Sanmartín, entró en Nochistlán el 12 de octubre de 1810, en cuyo lugar se le unió una parte del vecindario, haciendo estallar un motín en que la plebe cometió tropelías, venganzas y actos de pillaje, ayudada por los soldados de Camarena, pues fueron saqueadas las Casas Reales y secuestrados los bienes de algunos españoles.

El citado guerrillero se dirigió en seguida a Juchipila y a Jalpa, e hizo que Sanmartín fuera a ocupar Tlaltenango, donde los insurgentes cometieron algunos desórdenes, apoderándose de los bienes del español don Manuel Gómez de la Barreda. Este hecho motivó una queja dirigida al conde de la Laguna, don Miguel Rivero, que entonces fungía como Intendente interino de Zacatecas, nombrado por el Ayuntamiento de aquella ciudad. El citado conde puso luego un oficio a Camarena, previniéndole mandara devolver a Gómez Barrera los intereses que se le habían secuestrado, y a percibiéndolo para que se abstuviera de cometer semejantes actos, y sobre todo, de ocupar los fondos públicos; pero no se sabe si Camarena cumpliría o no la prevención referida, aunque es probable que sucediese lo segundo pues ninguna autoridad tenía el Intendente sobre el guerrillero.

Entre tanto, los sucesos de la revolución en Zacatecas habían asumido un carácter amenazador y alarmante, obligando a muchos europeos a abandonar aquella ciudad, con el fin de poner en salvo sus vidas y sus intereses, y como la anarquía y la efervescencia revolucionarias amenazaban también a las autoridades realistas, el antiguo Intendente de aquella provincia, don Francisco Rendón, no creyéndose seguro en Zacatecas, se resolvió a abandonar la ciudad, dirigiéndose a Guadalajara por el rumbo de la hacienda de La Laguna, propiedad del conde don Manuel Rivero, en cuyo lugar permaneció algunos días. Después de esto y escoltado por cincuenta hombres de a caballo que allí le proporcionaron, emprendió la marcha rumbo a Guadalajara.

Sabedor Camarena de que el Intendente Rendón iba fugitivo y se dirigía a dicha ciudad, marchó también a perseguirlo, habiendo logrado darle alcance y sorprenderlo cerca de Bolaños, el 29 del citado octubre. El guerrillero nochistlense se apoderó de Rendón y de todo su equipaje, así como de algunos individuos de la escolta que llevaba, conduciéndolos varios días después a Guadalajara, donde se encontraba ya el caudillo don Miguel Hidalgo, a quien entregó los prisioneros y el equipaje de Rendón.

En la mencionada captura no hubo combate formal como lo han creído algunas personas, pues la escolta del Intendente no opuso vigorosa resistencia a los Insurgentes de Camarena, quién acompañó al Generalísimo Hidalgo a su salida de Guadalajara. Después de la derrota del ejército independiente en Calderón, se dirigió Camarena al sur de Zacatecas, habiendo permanecido pocos días en Juchipila, Nochistlán y Jalpa; pero delatado por alguna persona, fue aprehendido el 18 de febrero de 1811 por Antonio Garcilazo, vecino de dicho pueblo, quién lo remitió con una escolta a la villa de Lagos, en cuyo lugar le mandó instruir sumaria el citado jefe realista.

Camarena declaró ser originario de Nochistlán, de treinta y un años de edad, y haber tomado parte en la insurrección, secuestrando muchos intereses a varias personas, de cuya distribución y paradero hizo referencia en una nota que corre agregada en la que causa que le formó.

El reo no dio muestra de flaqueza en su declaración y al terminar la sumaria, el Auditor, licenciado don Francisco Nava, consultó la pena de muerte para Camarena, quien debía haber sido decapitado, pero no lo fue, por falta de verdugos. El brigadier Calleja se conformó con el parecer del auditor, ordenando que se efectuara la sentencia. Así es que Camarena fue conducido el 22 de febrero a la plazuela de San Felipe, en la misma villa de Lagos donde se le fusiló por la espalda como traidor del Rey y de la patria, llevándose en seguida el cadáver a un punto llamado Cerritos, por el camino a León, y allí se le colgó en un poste, en presencia del Alguacil Mayor de la citada villa. Un mes completo estuvo expuesto a la expectación pública el referido cadáver pero el humano cura de Lagos don Manuel Jáuregui, pidió al subdelegado le permitiera retirar de allí aquél cuerpo putrefacto, a fin de darle sepultura cristiana, lo que fue concedido.

Más de un mes había transcurrido desde que el pueblo de Lagos presenció la sangrienta ejecución de Camarena cuando el patriota Insurgente, don José Pablo Calvillo, vengaba con un acto también sanguinario, la muerte del guerrillero nochistlense. El padre Calvillo, que recorría entonces varios lugares del sur de Zacatecas, hostilizando a las autoridades realistas y dando impulso a la revolución, entró en Nochistlán el 17 de marzo en cuyo lugar se encontraba un tal Barajas y otros individuos de los que habían aprehendido a Camarena, los cuales, según se refiere un documento oficial, fueron degollados en aquel lugar.

Camarena no fue un revolucionario audaz y atrevido, su mérito principal consiste en haber abrazado la causa de la insurrección tan pronto como ella estalló, levantando alguna tropa y poniendo en movimiento a varias poblaciones de la provincia de Zacatecas, los que desde entonces se dedicaron abiertamente adictos a la Independencia. Es cierto que Camarena autorizó o no pudo impedir algunos desórdenes cometidos por sus subalternos, y que aún se le acusaba de haber tenido participación en la muerte de 43 europeos sacrificados en los llanos de San Martín, cerca de Guadalajara, por orden del cura Hidalgo, pero este hecho no era del todo comprobado.

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